Cuando hay corazones volando

Cuando hay corazones volando 
en el aire, se ve como 
estalla la tormenta entre las 
almas que chocan. 

Choques que ligan algunas animas  
en el leve resonar de su paciencia, 
su espera prolongada 
se redujo a una inexistente brevedad. 

Al lado de la aurora te empieza a desgarrar 
el alma en pares inmediatos, 
reduciéndote a polvo de estrellas  
en aquel espiral de múltiples colores 
magnificados por su propia luz. 

Déjame pues parecer claro en esta lucidez, 
que me han mandado a adquirir, 
en medio de aquel silencio que tu carisma me demuestra. 

Una lucidez que me lleva al perfecto inicio e ilusorio sueño, 
algo que activa mis neuronas dejando correr entre mi sangre 
algunas líneas de amor que sucumben en celestial caligrafía. 

Me deleito ahogándome en tales aguas, 
con el riesgo de tan solo ver,  entre las luces lo que mi corazón disponga, 
donde cada letra plasmada en mi mente me lleve en pro de esta virtud. 

Yo me tomo el tiempo de sentir esto, el tiempo para avanzar hacia lo que queramos, más de 300 días has tenido para conocerme, para entender cómo funcionan mis sentidos, no quiero echar las palabras al aire sin saber si las merezcas. 

No quiero desperdiciar tan bello viaje de palabras y vivencias, 
llevándome tu al límite con todo el poder antes de que, 
este amor, llegue a agonizar o a morir, 

¿Qué hacer si ya todo el humo voló entre el viento? 

¿Cómo encontrar aquello que en el abismo se ha perdido? 

Sé que no todo cuanto he visto es real, 
no dejo de pensar junto a las cortinas algo que quiero se manifieste, 
ires y venires del demonio son solo lo que piensas, 
no es algo compuesto, no es nada común, como si los ideales se repelaran.  

En estos casos solo la duda podrá ser, crecer o variar  
si nos permitimos ser hijos del conocimiento del amor, 
envueltos en plurales misterios y dualidades; 
donde te presentas con rostro de infante, 
con mirada profunda, donde cada manecilla que gira en el reloj es una espada que corta al aire, que mata los sueños o los revive. 

Utopía del amor podrías llamarlo,  
se reduce a un confín de ilusiones aspirando al encanto, 
aquello que por mayor que sea el anhelo jamás llegara, 
donde solo la rutina lo podría contemplar. 

Vamos tras ese mundo de fuego que nos quema y nos calienta, 
eso que te llama desde la luz de la flama llevándome contigo; 
ese proceso que no existe en el viento, donde somos y podremos ser. 

Juremos al himno de los dioses, 
amar a este por siempre, que trasciende al amor, 
donde eres más que tú y yo más que mi mismo, 
esa lumbrera en mi camino, ese tesoro inmaterial, ese apoyo irracional. 

Donde la paciencia en mi no culmina, 
hasta solo aquel momento que supere la brecha, 
viendo como se borra cada espera innecesaria,  
allí donde dar un paso de fe es el único camino. 

Desinhibiendo mi ser, olvidando mi humanidad por un momento, 
desmintiéndome por tus saberes, temiendo a la agonía de este sentimiento, 
por aquel último aliento de amor. 

¿Podría el pasado seguir más presente? 

Aquí y ahora entre nosotros, no te juzgues, conoces bien este augurio; 
es desdicha la fortuna del amor, esa realidad la conocemos, 
suena como un resonar de campanas que eleva el corazón hasta la atmosfera. 

Los toques de dulzura al azar no funcionan aquí, 
no estamos actuando, las impotencias no son permitidas por nuestros corazones, 
donde nos llevamos cada uno mas allá de nuestros alcances,  
hirviendo la sangre tras cada herida y siendo como miel con cada caricia. 

Pintemos el arcoíris con uno o varios trazos, 
seamos artistas con nuestras almas y cuerpos, 
sin grises ni negros, sin oscuridad entre miradas. 

Comentarios